La Ludopatía

La Ludopatía

La ludopatía es un comportamiento patológico, una adicción comportamental devastadora caracterizada por conductas problemáticas alrededor del juego. La persona afectada no puede parar, todo gira en su vida en torno al juego, por lo que afecta tanto a la vida del ludópata como a su entorno familiar y afectivo.

El adicto al juego pierde completamente la libertad y el control, y puesto que la característica fundamental de este trastorno es que en el juego se maneja dinero, las consecuencias pueden ser devastadoras.

Hay que ser consciente de que nadie está libre de que uno mismo o alguien de nuestro entorno cercano caiga en este problema. El juego estimula las áreas cerebrales relacionadas con la recompensa, liberando dopamina, un neurotransmisor que interviene en todos los comportamientos adictivos. El circuito de recompensa estimula los mismos mecanismos que con el alcohol o las drogas.

La ludopatía puede considerarse actualmente una de las plagas del siglo XXI, dada la proliferación de comportamientos de este tipo y la facilidad con la que se puede acceder al juego a través de salas especializadas en las ciudades, las apuestas deportivas y la presencia masiva del juego en Internet. Hay que tener en cuenta que los adolescentes son el grupo de población que más acceso tiene al juego online, duplicando el número de adultos afectados por el juego patológico.

España es el país europeo con mayor número de adictos al juego entre los adolescentes y jóvenes, entre los 15 y 22 años. La pandemia ha supuesto un repunte importante en estos comportamientos adictivos, debido sin duda al abuso de la tecnología en el tiempo de confinamiento.

Dentro de los distintos tipos de juego, las apuestas por Internet, el póker online y las apuestas deportivas son los más utilizados. El hecho de que en estas actividades confluyan el azar y el dinero potencia el efecto adictivo de estos comportamientos.

Los factores que influyen más en el desarrollo de la ludopatía son muchos, pero el más determinante es el entorno familiar y afectivo. Frecuentemente no se imponen límites en el uso de la tecnología a los más jóvenes, y no se ejerce el ejemplo adecuado, siendo frecuente que los adultos están permanentemente conectados mientras pasan tiempo con sus hijos. El vínculo familiar, la comunicación, es un aspecto fundamental para prevenir y evitar posibles adicciones.

Otro factor relevante son los rasgos de la propia personalidad. La baja autoestima o los trastornos psicológicos previos (trastornos bipolares, ansiedad, depresión, etc) y adicciones a otras sustancias suelen acompañar al juego en la realidad cotidiana de estas personas.

La dependencia patológica del teléfono móvil o «nomofobia«, unida a la falta de filtros y controles parentales para los más jóvenes, hace que las oportunidades de éstos para acceder a actividades peligrosas para ellos se multipliquen. Como ya hemos dicho en otras ocasiones para trastornos similares, la mejor prevención es el establecimiento de controles, filtros, tiempos y espacios delimitados para el uso del móvil.