Adicción al alcohol: causas, síntomas, consecuencias y tratamiento

Adicción al alcohol: causas, síntomas, consecuencias y tratamiento

El consumo, abuso y adicción  al alcohol es un problema, aunque la sociedad en ocasiones lo percibe de otra forma. No olvidemos que el alcohol es una droga (según definición de la OMS), aunque sea legal, y está profundamente arraigada en nuestra cultura. El alcoholismo es una patología de Salud Mental que puede tener diversas formas de manifestación. El alcohol está integrado y aceptado en nuestra sociedad, estando presente en gran parte de eventos sociales y ocio, desde la más inocente romería hasta los eventos sociales más frecuentes, como bodas y celebraciones.

Es un hecho que la ingesta de alcohol está normalizada en la sociedad, lo que provoca múltiples oportunidades para el abuso del alcohol, con las consecuencias que esto acarrea. Pero, ¿cuándo se considera alcoholismo el consumo de alcohol? ¿Qué síntomas o señales nos permiten identificar a una persona alcohólica? Y lo más importante, ¿cómo abordamos la desintoxicación y el deshabituamiento?

¿Qué es el alcoholismo?

El alcoholismo es una enfermedad crónica que se caracteriza por un patrón de consumo excesivo de alcohol y una incapacidad para controlar ese consumo, a pesar de las consecuencias negativas para la salud, el bienestar y las relaciones sociales. Se trata de un trastorno que puede causar daños físicos y psicológicos graves, y que a menudo requiere someterse a un tratamiento. Podemos por tanto considerar el alcoholismo como una adicción o dependencia al alcohol, tanto psíquica como física.

La ingesta excesiva de alcohol provoca el llamado Trastorno por Consumo de Alcohol (AUD, por sus siglas en inglés); con distintos grados de severidad, el AUD es un trastorno cerebral debido a cambios en el cerebro provocados por un consumo excesivo de alcohol. La adicción al alcohol es la forma más severa del espectro de alteraciones que abarca el AUD.

¿Qué causa la adicción al alcohol?

El alcoholismo puede tener múltiples causas, incluyendo factores genéticos, psicológicos, sociales e incluso ambientales. Desgraciadamente, afecta no solo a la persona que bebe, sino también a su entorno más próximo, incluyendo familiares y amigos. Como ocurre con otras adicciones, en este tipo de patologías toda la familia sufre la situación pudiendo repercutir a la salud física, emocional, mental, social y económica de los distintos miembros de la misma.

Entre los factores que pueden desencadenar el alcoholismo se incluyen:

  • Uso del alcohol para afrontar o evadirse de problemas emocionales, preocupaciones, malestar o abusos.
  • Influencia del entorno social, y facilidad de acceso al alcohol.
  • Incapacidad para manejar situaciones estresantes.
  • Susceptibilidad genética al alcoholismo: las personas con antecedentes familiares de alcoholismo tienen un riesgo de 3 a 5 veces superior de desarrollar alcoholismo.
  • Dificultades económicas, laborales o sociales que incitan al consumo de alcohol.
  • Uso de alcohol para evadirse, se trata de una persona que bebe habitualmente para sentirse segura o para relajarse de preocupaciones o desazones.

Síntomas del alcoholismo

No es fácil establecer un perfil de alcoholismo o adicción al alcohol, pero hay señales de alarma que pueden evidenciar un consumo excesivo de alcohol, pudiendo ser físicas o emocionales. Entre las físicas, las más evidentes son el cansancio, dormir mal, la inquietud, una tos persistente, mal aliento, los cambios de amigos o de estilo al vestir… Entre las emocionales, el cambio de carácter, la irritabilidad, el enfado permanente o los enfrentamientos continuos, son algunos de los signos más visibles. Otras señales o síntomas del alcoholismo, en fases ya avanzadas de la enfermedad, son:

  • Tolerancia: necesidad de cantidades cada vez mayores de alcohol para sentir sus efectos.
  • Abstinencia: síntomas físicos (temblores) y emocionales negativos cuando no se consume alcohol.
  • Pérdida de control: incapacidad para limitar la cantidad de alcohol consumida en cada ocasión.
  • Deseo incontrolable: fuerte necesidad o compulsión por beber alcohol.
  • Abandono de otras actividades: reducción del tiempo dedicado a otras actividades debido al consumo de alcohol, incluso a las más esenciales como el aseo personal, compra, trabajo, etc.
  • Persistencia del consumo: las personas con adicción al alcohol continúan bebiendo a pesar de, en ocasiones, ser consciente de los problemas físicos y psicológicos asociados.
  • Incapacidad para abandonar el alcohol: dificultad para mantener la abstinencia en el tiempo ya sea en eventos sociales o en soledad (especialmente en momentos de vulnerabilidad o malestar) uno o varios intentos sin éxito por dejar el alcohol
  • Malestar al despertar: temblor, sudoración, ansiedad, náuseas..incluyendo vómitos o náuseas al levantarse por la mañana.
  • Culpabilidad: sentimiento de culpa y de fracaso (“he vuelto a hacerlo”) tras consumir alcohol.ç
  • Deterioro cognitivo: Alteración de la realidad, problemas de memoria u otras funciones cognitivas

Los síntomas físicos permiten establecer además cierta morfología de la cara de un alcohólico, e identificarlo por estos signos: hablamos por ejemplo del enrojecimiento de las mejillas y nariz por los capilares rotos a causa del consumo excesivo de alcohol; ojos o piel de tonalidad amarillenta por los daños en el hígado; temblores en las manos…

¿Qué consecuencias acarrea tener un problema de alcoholismo?

El problema de la omnipresencia del alcohol en nuestra sociedad es que se filtra al ámbito familiar. No es posible que los padres formen a sus hijos sobre la prevención del consumo de alcohol si ellos mismos lo consumen, lo tienen en casa, etc. Los hábitos se transmiten en la familia, tanto los saludables como los tóxicos, por lo que hay que tener especial cuidado en este tema.

No olvidemos además que la adolescencia es la etapa primordial en la formación de la personalidad y la adquisición de hábitos saludables, y en caso del excesivo consumo de alcohol tiene gran trascendencia en la posibilidad futura de un trastorno serio de alcoholismo, más cuando existe además una predisposición genética importante en el consumidor. Por desgracia, la adolescencia es la edad más frecuente para empezar a consumir alcohol: de media, un poco antes de los 14 años.

Suelen ir juntos, alcohol y tabaco, con mucha frecuencia unidos a otras drogas como el cannabis. Las encuestas del Plan Nacional sobre Drogas señalan que un 84% de los jóvenes entre los 14 y los 18 años ha probado el alcohol, y que un 74% de ellos lo han consumido en el último mes. Además, el alcohol está involucrado en más del 50% de los accidentes de tráfico, hasta el 20% de los accidentes laborales, o el 50% de los homicidios.

Enfermedades del alcoholismo

Hay una serie de enfermedades derivadas de la adicción al alcohol causadas directamente por una ingesta excesiva del mismo: presión arterial alta, problemas del corazón, accidentes cerebrovasculares, enfermedades  hepáticas, trastornos digestivos, y diversos tipos de cáncer (mama, boca, esófago, hígado, colon…). El alcohol también genera problemas de aprendizaje en menores y adolescentes, y pérdida de memoria e incluso demencia en etapas adultas.

Uno de los efectos del alcohol en el hombre y la mujer más perniciosos es el daño cerebral, que puede causar psicosis esquizofrénica entre aquellos con mayor predisposición genética. Afecta a las capacidades cognitivas, la atención, la concentración, la memoria y las funciones ejecutivas. También produce síndrome motivacional, la famosa abulia, con rasgos de indiferencia, desgana y desmotivación: una puerta frecuente al fracaso escolar en menores y adolescentes.

No hay que olvidar que el alcoholismo es una enfermedad grave, que produce trastornos psíquicos y conductuales muy importantes: alucinosis alcohólica, delirios fenotípicos, encefalopatías de Korsakoff (una forma de demencia), etc. Es decir, podemos establecer una relación entre alcoholismo y enfermedad mental, pudiendo un trastorno alimentar al otro y viceversa.

¿Cómo tratar los problemas con el alcohol?

Pese a lo que acabamos de decir, es fundamental ser conscientes de que esta enfermedad tiene cura: de la adicción al alcoholismo se sale, con ayuda médica, profesional y familiar. La mayoría de los alcohólicos no van a las consultas de profesionales por voluntad propia, sino por presiones familiares o de amistades, tras perder el trabajo o llegar a situaciones personales graves. Muchos de ellos no tienen conciencia de problema o la adicción limita la capacidad de tomar decisiones, por eso es tan importante hacer de “grúa”, y convencer a la persona que sufre este problema para que se deje ayudar.

La prevención del abuso de alcohol en etapas más tempranas pasa por impedir su acceso a los menores, evitando en el entorno familiar que el alcohol esté en lugares visibles cuando hay jóvenes en el domicilio. Además, los adultos no deben “contar batallitas” sobre situaciones y anécdotas en las que el alcohol sea parte central de la historia, porque así contribuyen a reducir la importancia de este problema ante los más jóvenes y a fomentar su consumo.

No olvidemos que el adolescente “mimetiza” el comportamiento que ve a su alrededor, por lo que si en su familia y entorno más cercano hay un consumo importante, el riesgo de abuso del alcohol es mayor. También es importante no asociar el consumo de alcohol con el placer, con la relajación, lo que hace el hábito tóxico más atractivo, especialmente en medio de un ambiente de tolerancia y aceptación por parte de la sociedad en general.

Si tú o alguien que conoces tiene problemas de alcoholismo, o crees que sufre una adicción al alcohol, habla con nosotros. En Clínica Pérez-Espinosa somos especialistas en Salud Mental, y contamos con las mejores instalaciones y un equipo altamente experimentado en el tratamiento de adicciones. Infórmate sin ningún compromiso sobre nuestro Programa de Desintoxicación Alcohólica en Asturias: recuerda, queremos y podemos ayudarte.