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El Pensamiento positivo

El Pensamiento positivo

Aprender a pensar en positivo no sólo es un tesoro, sino una urgencia, dadas las cifras de problemas de Salud Mental que vemos en la sociedad actual.

Hay que analizar qué es lo más importante, tomar conciencia de que aprender a pensar en positivo es básico para trabajar la actitud ante la vida. Los pensamientos positivos generan a su vez emociones positivas, lo que a su vez es la clave para disfrutar de una vida feliz y plena.

Lo negativo tiene mayor peso en nuestras vidas, pero nosotros tenemos capacidad de aprendizaje para ser conscientes de este punto y contrarrestarlo. Las personas con actitud positiva ante la vida generan un entorno positivo para todos los que les rodean.

Practicar la búsqueda constante de lo bueno y ventajoso de cada situación es algo que se puede hacer día a día, desde pequeños. Todas las situaciones, por desagradables que sean, tienen una parte de aprendizaje que podemos aprovechar. La mente es como una cámara fotográfica que podemos utilizar con la lente micro o macro, para sacar lo positivo y negativo de cada experiencia y actuar en consecuencia, minimizando lo malo y maximizando lo bueno.

Los beneficios de mantener el pensamiento positivo son múltiples y contrastados: mejora la Salud Física, baja la tensión arterial, la frecuencia cardíaca es más adecuada, y mantenemos una mejor dieta y hábitos más saludables en general.

Además de la mejora de Salud Física, el pensamiento positivo tiene efectos sobre la Salud Mental: disminuye el estrés y la ansiedad, mejora el estado de ánimo, el sueño reparador y aumenta la longevidad. El pensamiento positivo estimula la creatividad y favorece además el sentido del humor, buscar la parte cómica de las situaciones e incluso de nosotros mismos.

Para desarrollar el pensamiento positivo hay que empezar por el agradecimiento, pensar en lo que tenemos y lo que no tenemos y no nos conviene, haciendo un repaso de todo lo que tenemos, las personas que nos acompañan, etc. Tras el agradecimiento es fundamental ordenar por prioridades lo que consideramos más importante, el amor, la familia, los seres queridos, nuestras propias iniciativas personales. Una vez ordenados, hay que racionalizarlos, no tender al pesimismo y a los pensamientos grises, ya que son el caldo de cultivo del sufrimiento emocional.

La escritura terapéutica es una herramienta muy útil para aprender a pensar en positivo. Con ella ponemos por escrito nuestras fortalezas y capacidades, qué nos gusta de nosotros mismos, qué nos gusta menos, etc. Por ejemplo, podemos hacer un Calendario de Adviento con el Abecedario de la Salud Mental, con una letra en cada ventana: A de Agradecer, Amor, Amigos; la B de Bondad, Belleza; la C de Compartir, Cuidar, Coraje; la D de Disfrutar de las pequeñas cosas; la E de Entusiasmo y Entrega; la F de Familia, Fortaleza o Fe; la G de Generosidad y Grandeza; la H de Humanidad o Humildad, etc.

Este ejercicio es absolutamente necesario y nos servirá para ejercer el pensamiento positivo durante todo el año.

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