Preguntas Frecuentes

Autoaceptación, o cómo sentirse bien con uno mismo

Autoaceptación, o cómo sentirse bien con uno mismo

¿Alguna vez has pensado cómo hacen algunas personas con capacidades y/o recursos limitados para tener éxito y ser felices? Una parte de la respuesta se halla en el desarrollo de su Autoestima y Autoaceptación.

Cuando una persona se hace adulta se desarrollan un complejo de actitudes y creencias acerca de quién y qué es, y del lugar que ocupa en el mundo. Estas actitudes y creencias conforman lo que habitualmente se llama Autoconcepto. Esto comprende creencias sobre sus poderes y capacidades, sus debilidades y defectos, y esos rasgos de personalidad que utiliza para distinguirse del resto de la humanidad e identificarse con ella.

La Autoestima es una parte clave del Autoconcepto

La Autoestima es el valor que te atribuyes y el respeto que sientes por ti mismo/a. Las personas con una sana autoestima se tratan con respeto y no prestan atención continuada a las necesidades personales ajenas (con frecuencia autodestructivas). Algunas personas confunden sus prioridades y no prestan atención a sus necesidades personales (capacidad de flexibilizar).

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La Autoaceptación está íntimamente relacionada con la Autoestima

Una definición clara sería que es la capacidad para reconocerse y aceptarse, en lo que más te gusta y en lo que menos. Dando valor a tus recursos físicos, mentales, emocionales… y amortiguando aquellos aspectos que no te gustan tanto.

El desarrollo de Autoestima y Autoaceptación estables, no quiere decir que la persona no se comprometa a mejorar en algunos aspectos. Si trabajas en pautas de comportamiento y formas de pensar más realistas y flexibles, estarás más dispuesto a aprender y avanzar en diferentes etapas de tu vida, y tu motivación al cambio será continua.
En consecuencia, cuando somos adultos tenemos temor a no encontrarnos a la altura de los demás o de las circunstancias: por eso a veces nos sentimos ansiosos, bajos de ánimo o con temor a enfrentarnos a situaciones. El miedo a no ser capaz de hacer algo puede llevar a la evitación o la dependencia excesiva de los demás. Es como si viéramos amenazas constantes a nuestro alrededor, «como un ser enano inmerso en un mundo de gigantes».

PIENSA EN LA IMPORTANCIA DE VALORARTE EN FUNCIÓN DE TU VALOR Y ACEPTACIÓN COMO PERSONA, SEPARÁNDOLO DE TUS LOGROS.

Consejos y ejercicios para la aceptación personal

La aceptación de uno mismo no implica sólo valorarnos en el ahora, sino también en el pasado, en el camino que hemos recorrido hasta llegar a lo que somos hoy día, dando gracias por los buenos momentos, pero también por aquellos no tan buenos de los que has sabido sacar lecciones, aprender, y crecer. Aceptarse a uno mismo implica entender que hemos cometido errores, de los que hemos aprendido, y aciertos, de los que sentirnos orgullosos.

Aceptarse a uno mismo es también mirar a nuestro interior, valorar nuestras emociones, aceptarlas y aprender a expresarlas, sin sentirnos menos por mostrárselas a otros. De lo contrario, estaremos dándonos la espalda a nosotros mismos. Aceptarse es, en definitiva, quererse, tener amor propio por lo que somos, tratarnos con respeto y amabilidad
Sabemos por supuesto que aceptarse a uno mismo no siempre es fácil; por eso, te contamos algunas claves y ejercicios de aceptación personal, para poder conseguir este objetivo vital:

Márcate un objetivo:

Para lograr aceptarte a ti mismo, lo primero que tienes que hacer es marcarte un objetivo; puede ser la misma autoaceptación (como objetivo final) e ir dividiéndolo en pequeños objetivos intermedios para conseguir esa meta final. ¿Cómo? Un primer paso fundamental sería, tomar conciencia de cómo te hablas en tu día a día

Valora tus puntos fuertes:

Durante el proceso de aceptarse a uno mismo tal y como es, es importante tener claros cuáles son nuestros puntos fuertes, aquello en lo que “somos buenos” o que hemos logrado, y tenerlos presentes en todo momento -especialmente en los momentos de desánimo- recordando aquellos logros que hemos alcanzado en nuestra vida.

Rodéate de gente que te valore:

Muchas veces el principal obstáculo hacia la autoaceptación no somos nosotros mismos, sino aquellas personas que nos rodean. A veces, aquellos que nosotros consideramos nuestros seres más queridos o incluso nuestros mejores amigos, son precisamente quienes más nos hacen daño, incluso sin ser conscientes nosotros de ello.

Por eso, es vital que aquellos que te rodean sepan valorarte y aceptarte tal como eres, reconociendo tus virtudes, pero (¡también!) tus defectos: pero para que trates de mejorarlos, todos podemos mejorar. Rodéate de gente positiva, que te quiera y te valore, para que así tú también te sientas positivo, querido y valorado.

Aprende a perdonarte:

Somos humanos: todos cometemos errores. Para llegar a aceptarte a ti mismo, vas a necesitar reconocer que no siempre has actuado bien, y no siempre has tenido la razón, por mucho que cueste. Una parada y una mirada atrás -no para rememorar malos recuerdos, sino para hacer introspección y aprender. Práctica la autocompasión, tratando de ser más amable y comprensivo contigo mismo.

Es al hacer este ejercicio de introspección y de mirar atrás, cuando vencido ese punto en el que logramos aceptar nuestros errores (¡y eso ya es todo un logro!) tenemos que aprender a perdonarnos. Por muy mal que lo hiciéramos, tenemos que pensar que desde entonces hemos cambiado (el simple hecho de saber ver nuestros errores, ¡ya es un gran cambio!), que ya no somos esa persona, y que AHORA puede ser un gran momento para empezar una nueva etapa.

No escuches a tu yo hipercrítico:

En el camino hacia la autoaceptación, muchas veces una parte de nosotros, nuestro yo más crítico, no deja de repetirnos una y otra vez lo mal que lo hemos hecho o lo poco importantes que somos. Este tipo de pensamientos recurrentes son un a menudo un gran obstáculo para superarnos y reconocer nuestro verdadero potencial, y tenemos que aprender a no escucharlos… porque sencillamente, no son ciertos.

Tienes que dejar a un lado esa negatividad, enfrentarte a ella, negarte a escucharla y apartarla, para descubrir todo lo que vales… que es mucho.

Ten compasión contigo mismo:

Si somos personas muy críticas o perfeccionistas, eso puede fácilmente volverse en nuestra contra cuando somos nosotros los que cometemos errores, y no sabemos asumirlos o perdonarnos por ello. Si somos comprensivos y compasivos con nuestros defectos y errores, aprenderemos a serlo también con los de los demás… y a ver en ellos también una parte de nosotros mismos.

Aprende a decir “No”:

Aprender a decir “no” no significa imponerse sobre los demás ni hacerlo de manera agresiva; no se trata de un “no” sistemático, sino de saber expresarlo cuando queremos comunicar que estamos en desacuerdo con algo, incluso aunque vaya en contra de la opinión de los que nos rodean o de la creencia generalizada. Es tu derecho, trabaja en el desarrollo de la asertividad.

Esto es, aprende a defender tus derechos, tu espacio y tus opiniones de manera asertiva: es decir, ni mostrándote pasivo, ni agresivo, sino desde la serenidad y la convicción; sin ofender ni vulnerar los derechos de otros al hacerlo, pero no permitiendo que vulneren los nuestros con nuestra pasividad o nuestro silencio.

Entiende que eres una persona única:

Este es un concepto que se basa fundamentalmente en la autovalía. ¿Qué es la autovalía? No es otra cosa que la capacidad de aceptar tus virtudes y defectos, tus opiniones, tus sentimientos, y entenderlos como algo único y valioso que merece ser tenido en cuenta, y que puede ser importante también para los demás. No es cuestión de depender de lo que piensen otros, ni de imponernos sobre los demás; sino de pensar de forma más sana para ser conscientes de lo que valemos, aceptarnos, querernos y cuidarnos.

No te quedes en el pasado:

Aunque en el proceso de la autoaceptación es importante echar una mirada atrás, hay que ser muy conscientes de que el momento que importa es AHORA. Muchas veces la actitud negativa o los pensamientos recurrentes negativos que frenan nuestra nuestra capacidad para aceparnos a nosotros mismos, vienen de la aparente imposibilidad de pasar página. Deja atrás esos pensamientos, confróntalos y mira hacia adelante.

Aceptarnos a nosotros mismos implica aceptar lo que somos AHORA, la realidad de nuestro ser tal y como se muestra en el momento presente, con sus pros y sus contras, entendiendo que lo vivido forma parte de un camino que nos ha cambiado, y que de nosotros depende que sea para mejor.

A veces, una buena ayuda para lograr librarnos de los pensamientos negativos recurrentes y de ese recuerdo constante del pasado, es el uso de técnicas de atención plena o mindfulness: un tipo de meditación que precisamente busca observar la realidad del momento presente, sin juzgarla, aceptándola tal cual es y abriendo así nuestra mente.

En definitiva, aunque la autoaceptación puede llegar a ser difícil, también puede convertirse en una gran meta: ese gran objetivo que quizá necesitemos, y en cuyo recorrido está el secreto para sacar la luz que guarda nuestro interior y convertirnos en la persona que siempre hemos querido ser.

Tamara Rodríguez Cardín
Responsable de Psicología de Clínica Pérez-Espinosa