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Hoy hablamos de Depresión

La depresión no es sinónimo de tristeza. A nivel coloquial podemos considerar la tristeza, el «estar de bajón«, como una forma leve de depresión, pero la depresión es una enfermedad que va más allá del sentimiento de tristeza.

Es un trastorno muy extendido, con millones de personas afectadas en todo el mundo, y una gran prevalencia en Asturias en particular. Es una tristeza profunda, acompañada de anhedonia, la falta total de disfrute por las situaciones cotidianas de la vida. Afecta incluso a la cognición, provocando cambios en el modo de pensar, con pensamientos recurrentes relacionados con la muerte.

Las causas son complejas y multifactoriales, entre las cuales podemos distinguir principalmente:

  • El factor genético es importante, observándose casos de depresión relacionados en las historias familiares.
  • También hay factores biológicos y hormonales, afectando al doble a las mujeres.
  • Los factores psicológicos son muy importantes, ya que no todas las estructuras de personalidad son igualmente afectadas por la depresión.
  • Por último, los factores externos (abusos sexuales, abandono en la infancia, etc) juegan un papel determinante a la hora de desencadenar un cuadro de depresión.

Un caso particular de depresión es la distimia. Se trata de un estado depresivo persistente, en el que los síntomas afectivos son de menor intensidad pero duran unos 2 años. Frecuentemente se le da menos valor que al trastorno depresivo mayor, pero es muy importante por su duración.

Para prevenir la depresión es fundamental el autoconocimiento, estar atento y ser capaz de detectar los signos precoces de depresión que pueden aparecer en nosotros o las personas que nos rodean. Uno de los síntomas más frecuentes de un trastorno depresivo mayor es la pérdida de apetito, de sueño y de interés por el mundo en general. Si observamos estos síntomas tenemos que «hacer de grúa«, con todo respeto y empatía pero con proactividad, para averiguar si es necesaria la ayuda de un profesional.

Como es habitual, los hábitos saludables son un pilar clave para la prevención y tratamiento de la depresión. El ejercicio saludable, dormir bien, evitar tóxicos como alcohol y tabaco, son básicos. Mencionaremos especialmente en este caso la dieta, alimentos ricos en triptófano (un precursor de la serotonina) como el pavo, pollo, lácteos, queso, salmón y atún, frutos secos como las nueces, cacahuetes y pistachos, y frutas y verdudas frescas como el aguacate, el plátano o la calabaza.