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Hoy hablamos de Ansiedad

Hay que distinguir entre la ansiedad «normal» y la ansiedad patológica. La ansiedad «normal» es la ansiedad útil, la que nos ayuda a funcionar mejor en la vida, la que nos pone alerta y nos dispone a conseguir los objetivos que nos planteamos, ya sea un examen, una entrevista de trabajo, un evento, etc. Esta ansiedad no sólo no es mala, sino que es completamente necesaria, estimulante y tiene un efecto directamente relacionado con la intensidad del agente estresor.

Por el contrario, la ansiedad patológica nos impide comportarnos como queremos en cada momento, nos bloquea y nos paraliza. Muchas veces, además, abre la puerta a otros trastornos como el TAG (Trastorno de Ansiedad Generalizada) o a trastornos depresivos.

La ansiedad patológica se manifiesta a través de muchos síntomas somáticos: aumenta la frecuencia cardíaca, con dolores que muchas veces se confunden con ataques al corazón, provocando así mismo ataques de pánico, con la presencia dominante de una sensación de miedo profundo.

Por su parte, el TAG se define como una ansiedad que no podemos controlar, con una excesiva preocupación por las situaciones cotidianas, que nos interfiere en nuestra actividad. Afecta más a las mujeres, con una prevalencia de hasta el doble que a los varones.

Para reducir la ansiedad es conveniente seguir unos hábitos saludables, una alimentación saludable es siempre la base para un abordaje integral del problema. Nuestro cuerpo es la base de nuestra vida psíquica, por lo que el ejercicio físico, adecuado a nuestras condiciones, es absolutamente fundamenta.

Llevar un diario cognitivo, en el que reflejemos los momentos relevantes de nuestra vida mental (especialmente las cosas positivas) es un hábito muy recomendable para clasificar nuestras prioridades y poner en perspectiva todas las situaciones de nuestra vida.

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