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El Suicidio (2)

Factores de riesgo como acontecimientos vitales estresantes, conflictos, actos violentos, abusos sexuales en la infancia, pérdidas de seres queridos, rupturas de pareja, enfermedades graves… pueden ser los detonantes de un intento de suicidio en las personas que están predispuestas a ello.

Debemos tener cuidado también con el factor imitación. En muchas ocasiones se ha observado este factor: cuando se comunican los medios que el suicida pone para quitarse la vida, hay un aumento estadístico significativo de ese mismo medio en suicidios posteriores cercanos a la fecha de la primera comunicación.

Se ha dicho muchas veces que la persona que se quiere matar no lo dice. No es cierto. El 90% de los suicidas expresan previamente sus intenciones, aunque sea mediante frases hechas o medias bromas. También se dice que la persona que lo dice no lo hace. De nuevo, tampoco es cierto: esas afirmaciones salen del sufrimiento de esa persona, y deben tomarse completamente en serio si queremos prevenir y ayudarla.

Otro punto muy importante es no pensar que el que ha pasado una crisis suicida ya está curado. Casi el 50% de las personas que han intentado suicidarse lo intentan de nuevo en los tres meses siguientes al primer intento.

Para prevenir el suicidio debemos tener presente el síndrome del “presuicidio”, una situación en la que la persona está más tranquila de lo habitual, porque ya ha tomado la decisión de suicidarse. Tenemos que estar alerta en estos casos, reconocer las señales de alarma y actuar de “grúa”, pidiendo ayuda profesional ante cualquier cambio de conducta (aislamiento, bajo ánimo, duerme mucho o poco, descuidan la alimentación, se abandonan y alejan de sus familiares y amigos, etc).

Quienes se quedan después de un suicidio necesitan también toda nuestra atención. Familiares y amigos cercanos al suicida sienten culpa, aunque la racionalicen la sufren de todas formas, ya que es un duelo muy complejo, con una primera fase de shock emocional en la que se niega la situación, incluso sintiendo rabia contra la persona que se fue. Después hay un período depresivo, una tristeza y angustia profunda, previa a la tercera fase de aceptación de la situación y la superación definitiva del duelo.

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